Quién soy

      6_Loreena McKennitt - La Serenissima

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Esta es una pregunta de largo alcance, profundísima, que en sí puede conducir a una vía de autoconocimiento. Ramana Maharshi, el maestro de Arunachala, llegó a la iluminación indagando en ella. No voy, pues, a contestarla con términos similares a los que figuran en nuestro carnet de identidad o en un “curriculum” al uso. Intentaré sólo expresar lo que, en la actualidad creo saber de mí.

Como ocurre a tantos seres, un día empecé a despertar, con toda su secuela de desgarramientos, cambios, muertes… Con ello sobrevino también la comprensión del pasado, el descubrimiento de un hilo conductor que hilvanaba los acontecimientos vividos, y que era la llamada interior que pugnaba por dejarse oír… ¡hasta que lo hizo! cambiándolo todo: intereses, amistades, entorno…

Me sumergí, entonces, en ese comienzo de reconocimiento, tan anhelado, de mí misma. Busqué el camino interior a través de distintos senderos de yoga y maestros, me concentré en el estudio de la vía esotérica y de sus variadas escuelas, hasta hallar el mensaje que vibró esplendorosamente en el alma, el mensaje y la obra de unos seres excepcionales: Sri Aurobindo y Mirra Alfassa (conocida como la Madre). A partir de ahí supe que esa revelación iba a ser para siempre el eje de mi existencia.

Más tarde, entré en el campo de la sanación espiritual y de su enseñanza- mi tarea principal y una de mis grandes vocaciones. Y a ello estoy consagrada desde hace diecisiete años.

Me llamo Elma Mª Carmen… y creo que ahora puedo responder a la pregunta inicial “quién soy”: Soy TÚ MISM@.

Terminaré este apartado con un reciente poema que brotó en un estado de quietud, como una cascada de luz, y que resume, según vi al leerlo, la esencia de mi vida:

 Me atreví a beber en otras fuentes
    que las sacralizadas por el Preste de turno,
    y a cuestionar las inamovibles leyes santas.
 Fui capaz de extender la mirada
    más allá de los límites del mundo transmitido,
    y de hollar sus mentiras, sus símbolos traspuestos,
    su podredumbre y llanto.

 

 Abandoné, sin dudas, la estructura vieja,
    que, aunque incierta, aún me protegía,
    y me lancé,con fuerza, con compasión y riesgo,
    en pos de un renacer, preñado de promesas.
    Muertes sin fin y estremecidos éxtasis
    jalonan el sendero hacia lo ignoto…

 

 Pude aplastar el monstruo
    que , pertinaz, me horadaba las entrañas
    y emerger, victoriosa,
    en la luz inviolada de mi propia aurora.
 Hallé, al fin, en mi pecho todas las respuestas,
    hallé en el corazón mi Ley Suprema.

 

    Y ya nada puede detener el paso
    por los campos dorados de mis sueños,
    por las sendas , pletóricas de frutos;
    frutos que penden,
    prestos para su recogida,
    de los árboles que osé plantar un día.

 

 

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